El líder que no usa la IA difícilmente podrá dirigirla
- Redacción

- 16 ago
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Por James Adams
La inteligencia artificial está obligando a las empresas a revisar procesos, puestos de trabajo, modelos de negocio y hasta la manera en que se toman decisiones. Sin embargo, detrás de una transformación tecnológica exitosa existe un elemento mucho menos tecnológico: la conducta de quienes dirigen la organización.

Comprar licencias, incorporar plataformas o contratar especialistas puede ser relativamente rápido; conseguir que toda una empresa cambie su forma de trabajar requiere liderazgo visible.
La evidencia comienza a mostrar una diferencia importante entre las empresas que simplemente experimentan con inteligencia artificial y aquellas que están obteniendo resultados. El informe The State of AI 2025 de McKinsey encontró que las organizaciones consideradas de alto desempeño en IA son tres veces más propensas que sus pares a afirmar que sus altos ejecutivos demuestran una fuerte apropiación y compromiso con las iniciativas de inteligencia artificial. Además, sus líderes participan directamente en impulsar la adopción y actúan como modelos utilizando ellos mismos estas tecnologías.
El dato cambia la perspectiva tradicional sobre la transformación digital. La IA no puede convertirse exclusivamente en responsabilidad del departamento de tecnología, del director de innovación o de un grupo de especialistas. Si el gerente general continúa trabajando exactamente como hace cinco años mientras solicita a sus colaboradores convertirse en empleados digitales, el mensaje pierde credibilidad.
McKinsey vuelve sobre este punto en un análisis publicado en 2026: las organizaciones que están capturando verdadero valor de la IA tienen tres veces más probabilidades de contar con altos directivos que asumen y promueven personalmente la agenda tecnológica. En esas compañías, los líderes utilizan IA, experimentan con ella e incorporan las herramientas a sus procesos de liderazgo. La consultora señala además que las transformaciones tienen más de cinco veces mayores probabilidades de éxito cuando los dirigentes modelan de forma consistente los nuevos comportamientos que esperan de sus equipos.
Esto no significa que un gerente deba convertirse en programador, ingeniero de sistemas o científico de datos. Significa que necesita desarrollar alfabetización en inteligencia artificial suficiente para comprender qué puede hacer la tecnología, cuáles son sus limitaciones, qué riesgos implica y dónde puede generar valor.
Un ejecutivo debería poder utilizar herramientas de IA para analizar información, resumir documentos, comparar escenarios, preparar reuniones, explorar tendencias, generar preguntas, organizar conocimiento o cuestionar alternativas antes de tomar una decisión. Pero también debe aprender a detectar respuestas incorrectas, sesgos, problemas de confidencialidad y situaciones en las que la intervención humana continúa siendo indispensable.
Este último aspecto resulta cada vez más importante. El Work Trend Index 2026 de Microsoft, elaborado a partir de una encuesta a 20,000 trabajadores que utilizan IA en diez países y del análisis de señales de productividad, encontró que el 66% de los usuarios afirma que la IA les permite dedicar más tiempo a trabajo de alto valor. Al mismo tiempo, los propios usuarios identifican el control de calidad de los resultados de la IA y el pensamiento crítico entre las capacidades humanas que adquieren mayor relevancia.
Por eso, liderar personalmente la transformación tampoco significa aceptar automáticamente todo lo que produzca un algoritmo. Precisamente ocurre lo contrario: cuanto mayor es el uso de inteligencia artificial, mayor debe ser la capacidad del dirigente para formular buenas preguntas, contrastar información y asumir responsabilidad sobre la decisión final.
Las empresas enfrentan, además, otro problema: los trabajadores muchas veces avanzan más rápido que sus estructuras corporativas. Microsoft ya advertía en su estudio global de 2024 que el 75% de los trabajadores del conocimiento utilizaba IA en el trabajo y que el 78% de los usuarios llevaba sus propias herramientas de IA a la oficina. Al mismo tiempo, el 60% de los líderes consultados consideraba que su organización carecía de un plan y una visión adecuados para implementar la tecnología. La consecuencia puede ser una especie de transformación tecnológica informal: empleados utilizando herramientas poderosas sin reglas claras, capacitación, protección de datos ni objetivos empresariales definidos.
El desafío tampoco se resuelve aumentando indiscriminadamente las inversiones. Un estudio del IBM Institute for Business Value realizado entre 2,000 CEO de 33 países encontró que apenas el 25% de las iniciativas de IA había conseguido el retorno esperado y únicamente el 16% había logrado escalarse a toda la organización. El mismo estudio reveló que el 69% de los CEO considera que el éxito empresarial está directamente relacionado con disponer de líderes que comprendan profundamente la estrategia y tengan autoridad para tomar decisiones críticas.
Esto ayuda a explicar por qué muchas compañías poseen tecnología avanzada, pero todavía no experimentan una verdadera transformación. La dificultad no siempre está en la herramienta, sino en el liderazgo, los procesos y la capacidad de convertir experimentos aislados en nuevas formas de trabajar.
La IA exige entonces un cambio en la agenda del gerente. Además de revisar presupuestos, indicadores financieros, ventas o productividad, deberá preguntar qué tareas podrían realizarse mejor con inteligencia artificial, qué procesos necesitan rediseñarse, qué trabajadores requieren capacitación y qué decisiones nunca deberían delegarse completamente a una máquina.
Liderar personalmente la transformación significa experimentar antes de ordenar, aprender antes de evaluar y comprender antes de decidir. El ejecutivo no tiene que saber cómo construir un modelo de inteligencia artificial, pero sí debe saber cuándo utilizarlo, cuándo cuestionarlo y cuándo detenerlo.
El principio puede resumirse en una frase: un líder difícilmente podrá dirigir una transformación que desconoce y mucho menos una tecnología que él mismo se niega a experimentar. En la era de la inteligencia artificial, aprender ya no es únicamente una responsabilidad de los trabajadores. Se ha convertido en una obligación fundamental de quienes los dirigen. El autor es consultor en IA





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