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¿Es un dulce o una flor? Nuevo logo de museo genera polémica en redes sociales

24 sept
4 min de lectura

La presentación de “Etnovisión”, el nuevo logotipo del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz (MARTA), abrió la polémica. Entre los comentarios publicados en Instagram aparecen cuestionamientos sobre su capacidad para representar al museo, dudas sobre el proceso de selección y, sobre todo, una pregunta recurrente: ¿qué significa el símbolo?


El diseño fue creado por María Milagros Vergara Rodríguez y seleccionado entre más de 250 propuestas. La ganadora recibió 10 mil dólares por el trabajo, según la información divulgada tras conocerse el resultado.


Los comentarios se formularon en Instagram, aunque no hay un criterio científico. No se trata de una encuesta representativa de la población panameña ni de todos los usuarios que interactuaron con la noticia.


Se revisaron con ayuda tecnológica 34 comentarios correspondientes a 32 cuentas. Mediante una clasificación editorial simple, 25 pueden considerarse claramente críticos, negativos o burlones; cinco buscan información o explicaciones; dos usuarios muestran o anuncian propuestas propias y otros dos resultan ambiguos. En la muestra no hay elogios al logo.


Uno de los cuestionamientos más repetidos apunta a la dificultad para interpretar el símbolo sin conocer previamente su explicación. Un usuario lo resume así: “un logo que necesite explicación no cumple con el cometido, ¿o sí?”. Otro simplemente pregunta “¿Qué representa esto?”, mientras una tercera persona reconoce que quisiera conocer el concepto porque “honestamente no entiendo qué es”.


Ese punto es relevante porque es uno de los criterios que el propio concurso estableció. Las bases publicadas en la Gaceta Oficial asignaban hasta 20 puntos a “identidad y concepto” y señalaban que el diseño debía comunicar claramente la identidad institucional, el patrimonio y la función cultural del museo. También otorgaban 30 puntos a originalidad y creatividad y otros 30 a impacto visual. En contraste, la aplicabilidad y versatilidad tenía un máximo de dos puntos.

Entre los comentarios destaca además uno que intenta ir más allá del gusto personal y formula observaciones técnicas. El usuario cuestiona la claridad conceptual, el número de colores, la posibilidad de reproducir el diseño en tamaños pequeños, la tipografía y la regularidad de los trazos. Su conclusión es que debería existir un concepto unificador más sólido. Son apreciaciones individuales, no una evaluación profesional independiente encargada sobre el diseño, pero muestran que una parte de la conversación se ha trasladado desde la simple burla hacia aspectos propios de la identidad gráfica.


Otros comentarios proponen símbolos alternativos. Una usuaria observa que el diseño le recuerda una mola, pero considera que una huaca habría permitido identificar con mayor rapidez la naturaleza antropológica del museo. También aparecen comparaciones humorísticas con un dulce, un choripán, un ave o diferentes formas, evidencia precisamente de que los usuarios están realizando lecturas visuales distintas de la intención planteada por la autora.


Sin embargo, el diseño sí tiene una construcción conceptual definida.


De acuerdo con la explicación divulgada sobre “Etnovisión”, la parte superior representa la unión de las zonas donde se localizan los pueblos originarios de Panamá y sus curvas evocan los pétalos de la corona de flores de la mujer emberá. La parte inferior es una representación minimalista de la fachada del museo.


Las siete líneas interiores se inspiran en el kipará y representan siete grupos originarios estudiados por Reina Torres de Araúz. En conjunto, la figura pretende formar una corona vinculada al nombre “Reina”, mientras que algunos de sus trazos también toman como referencia las líneas del arte mola. El predominio del rosa está relacionado con las flores de la corona emberá.


Existe una explicación histórica y cultural elaborada detrás del símbolo, pero una parte de los usuarios sostiene precisamente que esos elementos no son reconocibles a primera vista.


Algunos cuestionan el concurso. Los usuarios preguntan sobre los otros diseños presentados y otros cuestionaron quién integró el jurado. Incluso aparecen acusaciones de supuesta manipulación o de un concurso “amañado”. Esas afirmaciones deben tratarse periodísticamente como opiniones de los comentaristas: el material analizado no presenta pruebas que permitan concluir que hubo irregularidades.


Las bases oficiales, por el contrario, establecieron previamente que el jurado debía estar integrado por tres profesionales panameños de reconocida trayectoria: uno de artes plásticas, uno de arquitectura y uno de arqueología. También dispusieron la intervención de un notario público para certificar el cierre del concurso, custodiar las propuestas y presenciar la apertura de las plicas.


Además, cada participante debía presentar una propuesta original e inédita acompañada de una memoria descriptiva, y las reglas prohibían que el diseño fuera generado mediante herramientas de inteligencia artificial. Esto es relevante porque algunos comentarios en redes mencionan la IA como crítica o insinuación, pero no aportan evidencia de que el diseño ganador haya sido elaborado de esa manera.


El episodio plantea un reto para MiCultura que trasciende defender o cambiar un logotipo. Cuando una identidad gráfica destinada a representar durante años una institución patrimonial genera tantas preguntas sobre su significado, la comunicación del concepto se convierte en parte del proceso.


Publicar las propuestas finalistas, explicar con mayor detalle la puntuación obtenida por el diseño ganador e identificar públicamente al jurado —una vez concluido el periodo de reserva previsto en las bases— podría ayudar a trasladar la conversación desde las sospechas y las comparaciones humorísticas hacia una discusión más informada sobre diseño, patrimonio e identidad cultural.


Por ahora, lo que sí puede afirmarse es que “Etnovisión” consiguió impacto visual, aunque no necesariamente de la manera esperada por sus promotores. En la muestra de comentarios examinada, la reacción es marcadamente crítica. Lo que no puede afirmarse, a partir únicamente de esos comentarios, es que exista un rechazo general de la sociedad panameña ni que las acusaciones realizadas por algunos usuarios sobre el proceso tengan fundamento comprobado.


La controversia abre, eso sí, una pregunta válida para una institución dedicada precisamente a explicar quiénes somos y de dónde venimos: ¿debe un buen símbolo cultural explicarse para ser comprendido, o debería comenzar a contar su historia desde el primer vistazo?

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