top of page

Las pymes también mueren

2 sept
3 min de lectura

James Adams


Se habla mucho de cómo crear una empresa, conseguir financiamiento, vender por redes sociales, adoptar inteligencia artificial o crecer. Mucho menos se habla del momento en que una pequeña empresa comienza a desaparecer. Esa ausencia no es menor: detrás de cada cierre hay capital perdido, empleos que se extinguen, deudas que permanecen y un empresario que debe decidir si vuelve a intentarlo o abandona definitivamente.

Las pymes son demasiado importantes para que solo se estudie su nacimiento. La Organización Internacional del Trabajo estima que las micro y pequeñas empresas, junto con los trabajadores por cuenta propia, concentran alrededor del 70% del empleo mundial. En América Latina y el Caribe, la OCDE señala que las pymes representan el 99.5% de las empresas y cerca del 60% del empleo productivo formal.


Sin embargo, buena parte del discurso público continúa concentrado en emprender, digitalizarse, innovar, exportar y conseguir crédito.


La investigación sobre el fracaso empresarial existe, pero continúa siendo comparativamente fragmentada. Un estudio bibliométrico de Luc Tessier, Maarouf Ramadan y Alexandre Renaud examinó 198 artículos y concluyó que la literatura académica sobre las condiciones del fracaso emprendedor ha surgido principalmente durante la última década.


Otra revisión, publicada en *Journal of Business Research*, sostiene que todavía existen vacíos sobre lo que ocurre después del fracaso: qué lleva a un empresario a regresar al mercado, qué aprende, qué lo frena y bajo qué condiciones decide comenzar nuevamente. Sus autores consideran el regreso al emprendimiento después del fracaso como un área todavía poco estudiada.


Ese es uno de los grandes temas ignorados. Cuando una pyme cierra, la historia suele terminar en el último día de operaciones. Rara vez se pregunta qué pasó tres meses antes.


¿Cayeron las ventas? ¿Se comenzó a financiar la nómina con tarjetas de crédito? ¿Se atrasaron los pagos a proveedores? ¿El propietario dejó de pagarse un salario? ¿Comenzó a utilizar sus ahorros personales para mantener abierta la empresa?


Ese período previo al cierre podría ser tan importante como el cierre mismo, porque allí están las señales que permitirían intervenir antes de que sea demasiado tarde.


La OCDE advierte precisamente que los procedimientos para enfrentar la insolvencia continúan siendo uno de los puntos más difíciles de las políticas para pequeñas y medianas empresas en América Latina. Entre sus recomendaciones aparecen sistemas de alerta temprana ante situaciones de insolvencia, alternativas a la quiebra y mecanismos extrajudiciales de conciliación que resulten menos costosos y más rápidos.


El problema es financiero e institucional. Panamá ofrece un caso interesante.


La Ley 12 de 2016 creó un régimen de procesos concursales de insolvencia orientado no solamente a liquidar empresas, sino también a permitir su reorganización. La propia norma establece entre sus objetivos proteger el crédito y a los acreedores mediante procesos que permitan la recuperación y conservación de empresas eficientes.


Diez años después, un análisis publicado en junio de 2026 por *Sapientia*, revista científica del Instituto Superior de la Judicatura de Panamá, reconoce los avances del nuevo régimen, pero también señala dificultades relacionadas con la complejidad de los procedimientos, la experiencia limitada de los operadores jurídicos y, especialmente, la baja utilización de estos mecanismos por parte del sector empresarial.


La pregunta es: si existe un mecanismo para reorganizar una empresa antes de que desaparezca, ¿por qué tantas pequeñas empresas no llegan a utilizarlo?


Panamá Emprende permite consultar avisos de operación tomando en consideración tanto la fecha de inicio de operaciones como la fecha de cancelación. Pero esos registros podrían aprovecharse mucho más para responder una pregunta básica para cualquier política pública:


De cada 100 microempresas que comenzaron operaciones hace cinco años, ¿cuántas siguen abiertas hoy?


Saber cuántas empresas nacen es importante, pero conocer cuántas sobreviven puede ser mucho más revelador.


Incluso la Encuesta Empresarial de Panamá 2025 del Banco Mundial, publicada en julio de 2026, estudia financiamiento, innovación, competencia, empleo, prácticas gerenciales, infraestructura, desempeño y relación con el Gobierno. Sin embargo, su universo corresponde a establecimientos privados formales existentes y con al menos cinco trabajadores.


Las empresas que murieron ya no pueden responder la encuesta.


Allí aparece el llamado sesgo de supervivencia: aprendemos extensamente de quienes permanecen en el mercado, pero escuchamos mucho menos a quienes cerraron.


Panamá necesita estudiar no solamente el emprendimiento, sino también la mortalidad empresarial: cuánto dura una pyme, qué sectores cierran con mayor frecuencia, cuál es la deuda acumulada cuando deja de operar, qué sucede con sus trabajadores, cuántos propietarios vuelven a emprender y cuáles señales financieras aparecen meses antes de desaparecer.


Crear empresas es importante. Evitar que empresas viables mueran también lo es. Quizás el próximo gran debate sobre emprendimiento no debería comenzar preguntando cómo abrir más negocios, sino algo mucho menos cómodo y posiblemente más importante: ¿Por qué perdemos tantas empresas sin saber exactamente cuándo comenzaron a morir?

Comentarios


bottom of page