Primero fue una mancha. Después, un mal olor. Luego aparecieron los videos, las fotografías y las denuncias publicadas por ciudadanos que se negaron a aceptar que contaminar la Bahía de Panamá fuera parte normal del paisaje. Esta vez, las redes sociales no se limitaron a producir indignación durante unas horas. Se convirtieron en el punto de partida de una investigación ambiental que terminó con una de las sanciones más elevadas impuestas en Panamá dentro de un expediente por