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Fútbol, poesía y…comunicadores

26 ago
3 min de lectura

Por Carlos Ovando


En la antigüedad -entendiendo este periodo como el transcurrido desde hace un par de años a la fecha- el idioma español, nuestro idioma, se hablaba de manera diferente. Por ejemplo, los relatores deportivos eran hasta poetas cuando relataban los partidos de fútbol: “Aficionados que viven la intensidad del fútbol…”, solía comenzar alguno. Otro decía que “la pelota entró inflando la red”; un tercero rendía homenaje al juego con su célebre “me pongo de pie” o “los jugadores están echando mano a sus hierros, como queriendo pelear”. Poesía pura.

Sin duda, eran otros tiempos, en los que daba gusto escuchar a los relatores de fútbol, mucho más ecuánimes, más apegados a lo que sucedía en el campo. Bueno, lo hablo desde el punto de vista de un fulano que ya ha visto mucha agua correr debajo del puente. Tal vez, a las nuevas generaciones les gusta ese nuevo e innovador estilo; así como a algunos nos gusta escuchar a Rubén cantando Patria o buscando América, a otros les gusta Bad Bunny interpretando aquella que habla de que “en la guagua se ha quedado el olol de tu perfume…”.


Siguiendo con los relatores deportivos, hoy, su lenguaje ha cambiado: Antes, cuando un relator decía que el jugador transitaba por la franja derecha era eso, que iba por la derecha; hoy, el jugador “corre por derecha” o “corre por izquierda” o “levanta mirada”. ¿Dónde diablos quedó el artículo determinado singular?


Aunque, siendo justos, en esta época la poesía va por otros senderos. Por ejemplo, es común escuchar a un relator emocionarse hasta las lágrimas cuando “su” equipo hace un gol o los jugadores se llevan la mano al lado izquierdo del pecho, mientras gimotean… “Goooool de mi país, de mi bandera…, gracias, mi Dios…”. También eso es poesía para algunos.


Otro caso de la evolución del idioma también tiene que ver con los “comunicadores”. De repente, un día cualquiera, decidieron que era mejor ahorrarse palabras al entrevistar a un personaje: “Preguntarle cuándo va a presentar su proyecto de ley”; “Consultar a qué se debe esa afirmación…”, en fin, hablan como hablaría un apache de la época del antiguo oeste, aunque eso no nos consta, porque los indígenas norteamericanos hablaban su propia lengua, y si acaso algo de inglés.


El problema es que los presentadores que adoptan este modo de “comunicar” no conocen las leyes que norman nuestra lengua, las que recomiendan no comenzar una pregunta con el infinitivo del verbo: “Quisiera preguntarle cuándo va a presentar su proyecto de ley”; “me gustaría preguntarle cuándo va a presentar su proyecto de ley”; “Debo consultarle a qué se debe esa afirmación…”. Tengo el pálpito de que se trata de una continuación de esos horribles cartelitos que uno se encuentra en alguna oficina pública o privada, esos que como una daga te señalan, desafiantes y perentorios: NO ENTRAR.


También recuerdo cuando en la antigüedad los terremotos, los tsunamis o cualquier fenómeno que nos asolara, solía dejar grandes pérdidas, grandes daños. Era eso lo que nos reportaban, grandes daños. Hoy, también eso ha cambiado, los fenómenos naturales nos dejan “afectaciones”. Los periodistas se olvidaron de los daños y las pérdidas, solo hay afectaciones.


Según algunos especialistas de meteorología, ahora ya no llueve, ahora precipita, aunque el agua caiga a raudales sobre los sufridos habitantes. Hago la aclaración que el verbo precipitar tiene como una de sus acepciones “arrojar algo o a alguien desde un lugar alto”, pero en ninguna de sus definiciones habla de llover.


En fin, como dice la sabiduría popular, hasta el modo de hablar nos han cambiado, aunque los más veteranos en estas lides seamos reacios a esos cambios.


Sabemos que el idioma es dinámico, hasta resiliente en muchos casos. Pongo como ejemplo el verbo guglear, que se ha ido instalando en la mente de los usuarios de internet, precisamente por la necesidad de tener un verbo para definir la acción de buscar algún dato en Google.


Pero esa resiliencia y ese dinamismo no nos deben permitir que dejemos de mirar el bosque por mirar un árbol. Los que amamos nuestro idioma queremos protegerlo siempre.



La verdad es que no iba a escribir de esto, solo pensaba preguntar en voz alta cuándo es que comienzan a bajar de precio los medicamentos, miren que en la actualidad estos se están llevando más de la mitad de mi poco jubilosa jubilación… y la mitad más uno de mis medicinas no las tiene el Seguro Social.


Hasta pronto.



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